¿Y si lo que me molesta del otro, fuera también mío? La ley del espejo

 En Blog, Energía, Sin categoría

La primera vez que oí hablar de la ley del espejo, no me encajaba nada. ¿Que eso que tan poco me gusta de mi amigo es lo mismito que hago yo? ¡Qué dices! ¡Para nada! O… ¿puede que sí?…

Al final me di cuenta que era cierto… Puuuuuuffffff… ¿Y eso para qué me vale? Pues para mostrármelo bien de cerca, para hacerme de espejo de aquello que yo hacía sin darme cuenta. Y lo mejor, es que te persigue hasta que lo hagas consciente. Si cambias de amigo, te harás amigo de otro igual, o tu jefe actuará del mismo modo, o te echarás una pareja así,… ¿Y si no cambias? Pues probablemente cada vez se amplifique más aquello que no puedes soportar. Ya no es que tu pareja se queje de vez en cuando como tu amigo hacía, sino cada vez te encuentras más gente que se queja a todas horas y por todo. Divertido, ¿verdad? Mucho; cuando entiendes las reglas del juego.

La ley del espejo se basa en que lo que vemos a nuestro alrededor es el reflejo de lo que tenemos en nuestro interior, tanto los aspectos positivos como los negativos.

Carl Gustav Jung, psiquiatra y psicólogo suizo, definió el arquetipo de sombra como los aspectos positivos y negativos que están en nuestro inconsciente individual y colectivo. El ser humano tiende a esconder esas partes que no acepta, y suele resultarle más sencillo verlas en otras personas. Es lo que se denomina proyección.

Una buena noticia: Si estoy atento, y en lugar de juzgar al de enfrente, observo, y busco qué parte de eso que me causa rechazo es mía, podré darme cuenta de algo de mí mismo que no acepto, y así modificarlo.

Esto es muy interesante, ya que hace que advirtamos que cada persona vive una realidad diferente. Es como cuando observas un cuadro con muchos detalles, véase el cuadro de “El Jardín de las delicias” del Bosco. Si les pidiéramos a 10 personas que lo observaran durante 1 minuto, y al terminar cada uno tuviera que anotar lo que percibió, caeríamos en la cuenta de que cada uno habría observado diferentes detalles, aunque ¡Era el mismo cuadro! Esto ocurre porque cada persona tiene el foco puesto en aspectos distintos según su sistema de creencias y las emociones que predominan en éste (no podemos asimilar toda la información que nos llega).

Jardin delicias

Cuando nos percatamos de que existe la ley del espejo, en lugar de ser víctimas, nos convertimos en responsables de nuestra propia realidad. Dentro de nosotros está todo aquello que experimentamos, y proyectamos lo que hay en nuestro interior hacia el exterior. Esto puede parecer un poco incómodo al principio, pero es algo maravilloso. Al cambiar nosotros, podemos modificar cómo vivimos las cosas y por ende, nuestra experiencia. En vez de ver un problema como algo trágico, lo veremos como una posibilidad de aprendizaje. Y en vez de sentirnos agobiados ante alguien que nos produce rechazo, le veremos como alguien que te muestra lo que tendríamos que mejorar, sanar o permitirnos, convirtiéndose en maestros para nuestro desarrollo.

”Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma”. Jung.

Existen dos posibilidades:

  1. Lo que nos muestra quien tenemos delante suelen ser cosas que nos molestan y que rechazamos porque nos negamos a aceptar que son parte de nosotros. Por ejemplo, si nos molesta la actitud de un compañero de trabajo porque le considero un engreído, puede que yo también lo sea en algunos momentos. En este caso, podré entender cómo se sienten los demás cuando actúo así, y replantearme si debo corregir mi actitud.
  2. Podrían ser cualidades que nos gustaría tener. Es decir, puede que me moleste que alguien sea engreído porque en el fondo me gustaría tener un poco de esa autoestima que tiene mi compañero. En este caso, la persona nos haría de espejo para mostrarnos que sería bueno aumentar esa cualidad.

Una tercera posibilidad es que lo que no nos guste sea algo que queramos que cambie el otro. Las personas pueden cambiar hasta cierto punto, y aunque cuando uno actúa diferente, en el exterior se producen variaciones, los cambios más profundos requieren de un compromiso por parte de la persona en cuestión, que sólo ella misma puede adquirir, y esto no siempre es fácil. Hay que ser realista y aceptar al otro como es, asumiendo que hay situaciones que no podemos transformar. Lo único que podemos hacer es cambiar nosotros, y puede que en ese momento esa persona cambie al vernos diferentes, o siga igual y ya no nos importe. Aquí el aprendizaje sería aceptar la realidad y asumir que hay cosas que no puedo cambiar. Si no se reconoce esto, se gasta mucha energía por el sentimiento de disconformidad que produce, y por intentar forzar que las cosas sean como nos gustarían.

No siempre la persona que nos muestra algo que nos desagrada tiene que ser con la que actuemos de ese modo. Es decir, puede que mi jefe sea un prepotente conmigo, y yo dócil y cumplidor en el trabajo, y sin embargo con mis amigos me comporte de forma autoritaria.

Las primeras veces que comencemos a ver a los demás de este modo, puede que no asociemos lo que no nos gusta del otro con ninguna particularidad propia, pero, poco a poco, iremos reconociendo qué aspectos son, y veremos que al cambiar nosotros, la forma en que percibimos al de enfrente también se modifica. No es que mi amigo ya no se queje nunca, sino que además de que lo hace menos, ya no nos molestará, porque ese tema ya no es algo que tengamos que resolver. Al dejar de dar importancia a la queja, perderá fuerza y la persona lo hará cada vez menos cuando esté contigo. Esto tiene que ver con la ley de la vibración y la ley de atracción. En función de cuál sea tu vibración, así vibrará todo lo que esté a tu alrededor. Ej: Si estás triste, atraerás gente en la misma situación o situaciones que te produzcan o fomenten esa tristeza y lo mismo sucede al revés. Además, recuerda que donde pones tu atención, pones tu energía. Pero eso ya es otra historia…

Lo importante es que de todo lo que nos molesta podemos sacar algo bueno para nuestro crecimiento personal, y así nos daremos cuenta de que la vida es un juego.

 

Compartir artículo:

Deja un comentario